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Valentín Villalón, autorEscritos Literarios de Valentín Villalón Benítez, maestro, autor de poemas y narraciones breves. Su poesía y su narrativa versan sobre sus vivencias, sensaciones y emociones, impregnadas de su visión personal y social de la vida percibidas a lo largo del siglo XX, incluyendo algunas historias anteriores, de finales del siglo XIX, contadas por sus familiares (Elisea y Aceña) y amigos (Inocente Ciudad Villalón), emotivos poemas llenos de recursos y licencias literarias e historias narradas por él con gran dosis de imaginación que nos sumergen en un mundo de ficción con evidentes trazas de una realidad social que todavía pervade en el entorno manchego y sus gentes.
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Portada


Escritos literarios de Valentín Villalón
Romancero Castellano

Librepensadores
– Hospiciana
– Leñadores
– El Trenillo 
– Don José Aceña y la Semana Santa Aldeana
– Muletas

– Aceña
– Narrativa
Poemas Festivos
– Desperdigados Versos

-La Guerra, el honor, el amor y la muerte a través del Romancero Castellano

Autor de los escritos: Valentín Villalón © 2010-2013

Agradecimientos:

Fotos realizadas por Pilar María Sanchez Cabrera © 2010-2013
y por Gustavo Barba Alcaide©2010

Edición: Pedro P.  Sánchez Villalón

Libros en venta en      

      elGrito El Grito, Valentin Villalón. Publicado por Printcolor

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Autobiografía


Nací en Aldea del Rey (Ciudad Real) el veintidós de noviembre de 1938, cuando la República estaba a punto de expirar. No obstante, setenta y cuatro años después continúo siendo republicano, agnóstico, anticlerical, librepensador y de izquierdas. Nací en la casa donde vivo que entonces era una casa grande de la calle del Santo número 4, en Aldea del Rey, pueblo de la Mancha a escasos treinta kilómetros de Ciudad Real, a veinticuatro de Almagro, y veintisiete de Puertollano. Me bautizó en el comedor de mi casa el sacerdote católico, por supuesto, Félix Alañón Navas, sin que yo pudiera hacer nada de mi parte para impedirlo, aunque me opuse a recibirlo con las pocas fuerzas que entonces tenía. Debió de ser poco convincente en sus explicaciones el ya citado sacerdote, que a la vez de sacerdote era primo hermano de mi abuela Justina, tío en segundo grado de mi madre, y pariente en tercer grado mío. El sacramento que me administró, a pesar de ser de los que imprimían carácter, no logró calar mucho en mis convicciones. No porque el sacramento administrado a petición de mis familiares más directos no calara lo suficiente en mis convicciones voy a ir yo ahora, setenta y cuatro años después, a pedirles cuentas porque dicha administración diera conmigo tan pobres resultados.

 Me hizo la partida de nacimiento en verso, y a eso le tengo que estar, y le estoy, agradecido. No todos los bautizados pueden exhibir, igual que puedo hacerlo yo, una partida de nacimiento escrita en verso.

 Mis primeros recuerdos son escenas de la casa donde nací, y donde vivo, que era una casa grande de la calle del Santo, y que posteriormente heredó mi madre de su tía Elisea Benítez Acevedo, y que a la vez esta, había heredado de su marido Aureliano Aceña Vállez, buen aficionado a la caza, gran tertuliano, excelente conversador, y excelente poeta festivo, ateo, anticlerical, y librepensador, fino humorista, conocido por sus ocurrencias, por sus escritos, por sus finas semblanzas y por haber dejado reflejadas en ellas muchas vidas, que a no ser porque Aureliano se hubiera acordado de ellos en sus semblanzas, ochenta y dos años después de la muerte de este, estarían olvidados. Murió Aureliano Aceña seis años antes de que yo naciera. No llegué a conocerlo, sin embargo conservo de él un gran recuerdo que dejo en mí su mejor hagiógrafa, su esposa, Elisea Benítez Acevedo, tía de mi madre, tía nuestra, y tía también de cuantos se acercaban o mantenían alguna relación con la casa, bien fueran sirvientas, vecinos, criados, o cualquier persona relacionada con la casa.

Ella fue quien me infundió el amor a la lectura, y dentro de la lectura a la poesía. Murió a los ochenta y ocho años, cuando yo iba a cumplir dieciocho. Pero ya la semilla estaba sembrada, de ella heredé mi afición a la lectura, y de una forma especial a la poesía que ella a su vez había heredado de su marido.

De la casa donde nací y donde vivo, conservo innumerables recuerdos, entre los que predominan por abrumadora mayoría los recuerdos tristes. A lo largo de mi vida, he sido un gran recolector de frutos amargos. Antes de cumplir los diez años, ya había besado a mi padre muerto, al que había visto ir agotándose, tras una larga y penosa enfermedad. Cuando murió, tenía cuarenta y cinco años. Antes de cumplir los veinte, ya había sentido llegar la visita de la Vieja Dama a personas muy cercanas y queridas por mí. Hay un dicho que habla del aprendizaje de escritor, y que dice más o menos: para sentir la necesidad de escribir, hace falta haber sufrido.

 Si haber sufrido da opción a sentir la necesidad de escribir, puedo pensar sin temor a equivocarme que esa opción bien ganada la tengo. En infinitas ocasiones he intuido acercarse hasta la cama donde dormía con mi hija Mari Carmen desde que ésta tenía tres años la visita de la Vieja Dama.

En infinitas ocasiones y durante diez años consecutivos, las crisis epilépticas se fueron sucediendo en ella a diario, con la periodicidad de las agujas del reloj. Una hora antes de amanecer solía ser la hora de llegada de la primer crisis, que solía repetirse al amanecer, normalmente antes de que recobrara la consciencia. El recobrar la conciencia siempre iba acompañada del llanto.

Conocía por los informes de los neurólogos que la atendían que a partir de la sexta o séptima crisis, si seguían repitiéndose, cualquiera podía ser la última. Cuántas veces llegaron, y traspasaron las siete, las ocho, las nueve y las diez, mientras estábamos esperando y temiendo el fatal desenlace.

Estábamos preparados para recibir cualquier amanecer, o durante la noche, “La Visita de la Vieja dama”. La enfermedad de mi hija cambio la vida de mi hija, la mía y la de toda mi familia. La llegada de su muerte la estuve esperando días y días, meses y meses, años y años … Y todavía cuarenta y cuatro años después, nos sigue preocupando a todos la posibilidad de que las crisis epilépticas vuelvan a aparecer.

He sido maestro de una escuela pública, hecho este del que guardo el mejor de los recuerdos. He ejercido como maestro, siempre en la provincia de Ciudad Real. Dos cursos en Puertollano, tres en Navas de Estena, tres en Argamasilla de Calatrava, y diecisiete en Aldea del Rey, pueblo donde nací y donde vivo. Aparte de esto he sido propietario de una explotación ganadera de gallinas, cerdos y ovejas, que he mantenido abierta hasta el año 2010.

Desde 1962 en que empecé a construirla, hasta el año 2010 en que decidí cerrarla, ha llovido mucho, han pasado muchas cosas. La granja pasó de tener trescientos metros cuadrados edificados que tenía al empezar, a los más de tres mil que tiene ahora, y que tenía cuando decidí cerrarla. De las mil gallinas con que empecé la explotación, a los doscientos cincuenta cerdos reproductores, los dos mil cerdos de cría y cebo y las mil ovejas de leche que tenía cuando la cerré´, ha pasado a tener ahora, una docena de gatos, y tres perros, y una docena de gallinas. La vida sigue y las sombras pasan, dice el poeta, no estamos aquí para permanecer, hemos venido para irnos, y cuando ya estamos a punto de apagar la última vela, es cuando con más frecuencia nos llegan estas reflexiones.

En el año 2009, se había creado en mi pueblo una página Web donde escribían y hacían comentarios, más bien para confrontar ideas políticas y administrativas referidas al Ayuntamiento, que para expresar los pensamientos literarios de un grupo de amigos. Un muchacho de los que allí escribían, profesor de secundaria de un instituto de Ciudad Real, había oído hablar de los poemas que yo había publicado en algunas revistas, o en algún programa de festejos. Puesto en contacto con mi hija Mercedes, le sugirió la idea de publicar algunos de mis poemas en “La gente Aldeana”, que era el nombre de la página Web que ellos habían creado. Se publicó el primer poema, “Las Nubes”, y tal vez por el panegírico que de mí y de mis versos hizo el presentador, Julián, que entonces firmaba con el seudónimo de “El Jardinero de las Nubes”  hubo un montón de halagadores comentarios.

Quizá también influyera la ilusión que los organizadores habían puesto, o bien que muchos de los comentaristas que intervinieron fuesen amigos o alumnos que habían pasado por mi escuela, y esto ayudara a que mis versos, fueran tratados mejor de lo que merecían.

A Julián, el Jardinero de las Nubes, que actuó como presentador, a Internet, a Inocente Sánchez Ciudad, primo en segundo grado mío, y a mi sobrino Pedro Pablo Sánchez Villalón les debo que mis poemas y mis escritos hayan viajado tanto, y hayan llegado tan lejos. Fueron ellos los que han dado vida a mis anónimos trabajos, con los que mis poemas pasaron a Internet y posteriormente, pasaran mis relatos, y más tarde todos mis escritos.

Mi libro de Poemas, mi libro de relatos Narrativa, mis novelas Leñadores y Hospiciana, y después mis trabajos sobre el Romancero Castellano están accesibles en la página Web “valentinvillalon.com”, donde se han ido poniendo en Internet. Prácticamente todos mis escritos a partir de mayo de 2009. Aunque ahora nos preocupamos menos de ella, alguna vez ponemos algo nuevo, tratando de que no se la coma el olvido.

Desde aquí es desde donde han podido llegar a WordPress, a Printcolor, a Palibrio, a Amazon, a Google y a otros distribuidores más donde ya están publicadas y puestas a la venta mis obras. La novela Hospiciana, ambientada en la Guerra Civil Española, cuya protagonista principal, Luisa Rojas, que como nos dice al empezar, es una niña pobre que había perdido a su padre en un accidente. Su madre murió siete meses después de enterrar a su marido. Al no tener su familia medios para poder sacar a las niñas adelante, optan por llevarlas al hospicio para que allí se hicieran cargo de ellas, hasta que pudieran valerse por sí mismas. Llega al pueblo el 18 de marzo del año 1936, cuando después de haber ganado el Frente Popular las elecciones celebradas el día 16 de febrero, los militares están a punto de dar el golpe de estado que ya estaban preparando desde el año treinta y uno. Su familia es republicana y simpatizante del Partido Socialista, defiende la República, pierde la guerra y sufre las consecuencias.

Leñadores es la otra novela publicada que anteriormente hemos citado. Ambientada en el primer tercio del siglo XIX, está basada en hechos reales sucedidos en Aldea del Rey hace mucho tiempo y pasados de unos a otros, de generación en generación. Aunque está basada en hechos reales, a los protagonistas de la obra he tenido que darles nombres, ya que sus verdaderos nombres se los ha tragado el tiempo, se han perdido, estos son fruto de la imaginación del autor, igual que el relato que he logrado construir. De los hechos reales que han servido para elaborar esta novela sólo quedaba la tragedia desnuda, cuando hace más de ciento cuarenta años se lo oyó contar una tía de mi madre a su abuela.  Con el relato de esta tragedia que oí contar en diversas ocasiones a esta tía de mi madre y tía nuestra he argumentado esta novela.

Los protagonistas sobre los que se asienta esta obra la forman una pareja de recién casados. Son pobres, tienen que vivir de sus manos en un pueblo de tres mil habitantes, donde apenas en seis casas necesitan trabajadores para labrar sus tierras, los demás viven de sus manos, del trabajo que con ellas puedan realizar. Llevan casados un año y saben lo que cuesta tener que vivir así. Ha llovido mucho este año en el que comienza el relato, y con los días de siega que han echado en su pueblo, y en los pueblos de alrededor, han juntado un dinero que nunca se hubieran atrevido a soñar. Por consejo de su madre, Rufina, principal protagonista de esta historia, decide junto a su marido que vaya este a Almagro y compre el mejor burro que encuentre en la feria. Piensa Rufina dedicarse a ir por ropa a Almagro para lavarla en el lavadero de la Higuera, que está en el pueblo donde viven para llevarla limpia y seca a las casas más acomodadas de Almagro. El piensa llevar leña de la sierra aldeana, para vender en las casas donde la necesiten. Va Cipriano a Almagro, compra su burro, vende leña él y lava ropa ella, ganan dinero y prestigio, progresan, pero los dioses les tienen reservada su tragedia, y el llanto, será el único consuelo que los mantenga unidos.

El libro de Poemas está formado por Desperdigados Versos y Poemas Festivos, lleva también incluidos dos composiciones poéticas que me dedicó Inocente Ciudad Villalón, tío en segundo grado mío, era primo hermano de mi padre, veinte años más joven que él y dieciséis mayor que yo. Su madre era hermana de mi abuelo Carlos, veintitrés años más joven que mi abuelo, causa por la que los hijos de mi abuelo Carlos, eran veinte años mayores que los de su hermana, y los nietos de mi abuelo Carlos, somos veinte años mayores que los nietos de su hermana Emilia.

Con Inocente Ciudad Villalón, aparte del parentesco y la afición a la poesía, he compartido con él otras aficiones, hemos cazado muchas veces juntos, hemos montado a caballo juntos muchas veces, hemos compartido amigos, y sobre todo, hemos compartido muchas tertulias, en las que normalmente siempre defendíamos posturas encontradas. Esto ha sido así, sin que nuestra amistad se haya resentido nunca. El era más conservador, yo más progresista. Con los poemas que me dedicó Inocente, quiero dejar constancia de una amistad que duró mucho tiempo. Fuimos amigos toda la vida, y al mismo tiempo trato de que perduren sus versos junto a los míos, para que conservar el recuerdo de esta amistad que mantuvimos hasta su muerte, a pesar de las profundas discrepancias que a lo largo de nuestras tertulias mantuvimos.

Mis Desperdigados Versos son poemas que han ido surgiendo de mi diario quehacer, de mi roce con la vida, son poemas intimistas, donde voy dejando la crónica de mis sentimientos más profundos. En Desperdigados Versos están mis más íntimos sentimientos, mi yo al desnudo, y en los Poemas Festivos va lo que me rodea, lo que pasa a mi lado.

El libro Narrativa lo forman catorce relatos cortos, con 104 páginas, y tres relatos más largos, que tienen 144. Sus protagonistas no son héroes, no son gente importante, sus vidas no han hecho historia, no son gente guapa. Son gente que como dice Antonio Machado en uno de sus poemas, “trabaja, sufre y yerra,/ y un día como otros muchos,/ dormimos bajo la tierra”.

 “La Guerra, el Honor, el Amor y la Muerte, a través del Romancero Castellano” es el libro al que más tiempo he dedicado. Desde muy joven he sentido una especial atracción por los romances. Por la forma en que se han conservado, por quienes los escribieron y los fueron cantando o recitando de pueblo en pueblo, de posada en posada, de castillo en castillo, dejándonos la Historia de España más bella, más triste y mejor contada de aquellos turbulentos años.

Con esto no quiero levantar polémica entre los que buscan conocer la historia, a través de quienes buscan la verdad de los hechos, contados por los verdaderos historiadores que narran los sucesos más importantes que les han ocurrido a los hombres desde los albores de la humanidad. Sólo trato de hacer una llamada a los que piensen, o puedan llegar a pensar en las vidas anónimas, en las vidas de los que no tienen historia, y en las vidas de quienes en sus composiciones reflejaron estas vidas, verdaderas o de ficción logrando perpetuar a través de su palabra, a través de su voz, estos olvidados sentimientos que, perdidos en la noche de los tiempos, un día nos dejaron.

En este libro trato de recoger el testimonio que nos dejaron los juglares, y que a través de quienes los escucharon recitar o cantar sus versos, los fueron trasmitiendo de unos a otros, de generación en generación, hasta la llegada de la imprenta. Gentes que desde sus casas, desde sus pueblos, nos dejaron constancia de sus vidas, de sus sufrimientos y de sus alegrías, en los versos que a no ser por estos cronistas anónimos hubieran quedado perdidos y olvidados en el tiempo.

Soy una persona mayor consciente de que la muerte no debo tenerla muy lejos y aunque la visita de la Vieja Dama la debo tener cerca, continúo trabajando, continúo escribiendo, sin dejar por eso de pensar que en cualquier momento pueda dejar mi obra inacabada. Pero así es la vida, dice Antonio Machado en uno de sus poemas, la vida sigue, y las sombras pasan. Consciente de ello, escribía en uno de mis poemas:

Soy camino que sigue a otro camino,
como a la luz, le siguen las tinieblas.
Soy pie de árbol, que de otro árbol nace,
y como él, clavado en tierra queda.

Satisfecho de ser lo que he nacido,
me encuentro clavado aquí en mi tierra.
Y cuando la muerte a mis puertas llame,
y su manto de escarcha me estremezca,
pueda decir, mi alma ya se va,
y mi cuerpo se quede aquí en mi tierra.

Tengo cinco obras escritas y publicadas. Una primera edición se realizó en 2012 en Printcolor y en 2013 en Palibrio. Ya están publicadas Poemas, Leñadores, Hospiciana, Narrativa, y La Guerra, el Honor, el Amor y la Muerte a través del Romancero Castellano.

He terminado de escribir mi tercera novela, que muy pronto va a estar publicada, “El Grito” (Tribulaciones y dudas de Marcelo Santillana, canónigo de la Santa Iglesia Catedral). Es una novela costumbrista, enmarcada en la primera mitad del siglo XIX. Su principal protagonista, Marcelo Santillana, pertenece a una familia pudiente  de propietarios de la tierra. Sus abuelos paternos son de Alameda de la Mancha, y sus abuelos maternos son de Puente de los Desamparados, pueblos ambos imaginarios de las provincias de Ciudad Real y de Córdoba, respectivamente.  Son sus abuelos propietarios de grandes extensiones de tierra,  agricultores y ganaderos,  y son gente de prestigio y dinero.

Ramón  Santillana y Amparo Solís, padres de Marcelo, se conocieron durante la boda de unos parientes, a la que ninguno de los dos tenía decidido  ir hasta la mañana del enlace en Puente de los Desamparados.

Las tribulaciones y las dudas le surgen, cuando después de haber estado en la finca de sus abuelos, “El Tomillar de Maqueda”, donde va con la idea de aprender a montar a caballo. Se encuentra con su tía, mujer entregada por completo a Dios, que dedica medio día a los rezos, y el otro medio a pensar en el demonio y en las penas del infierno.

Es Marcelo un muchacho indeciso, voluble, incapaz de mantener un pensamiento más allá de veinticuatro horas. Sus padres son libre pensadores, anticlericales, agnósticos y materialistas, En su   casa ninguno va  a la iglesia, a no ser que tengan que asistir a alguna boda o entierro de algún familiar, o amigo muy allegado. Convence su tía a Marcelo par que se haga sacerdote de Cristo para siempre, y así salvar a su familia de las penas del infierno, que según su tía,son eternas, para toda la eternidad. Asustan a Marcelo las palabras de su tía, y decide hacerse sacerdote de Crsto para siempre. Durante  el tiempo que Marcelo permanece en el seminario, en multitud  de ocasiones ha pensado en dejarlo, pero carece del valor necesario para hacerlo. El miedo al infierno y a lo que su tía pudiera pensar le hacen desistir. Tras muchas dudas y tribulaciones se ordena sacerdote y en muy poco tiempo la iglesia lo hace canónigo de la Santa Iglesia Catedral.

A la muerte de su padre, Marcelo ve cómo la figura de su padre crece ante él, cada día la ve más grande, la ve crecer, día a día, hora a hora. Lo ha visto morir tranquilo y rodeado de los suyos. Cuando Marcelo se acerca intentando darle los sacramentos, no los acepta. Le dice que él no ha sido creyente, piensa que al morir se extinguirá su alma, igual que su cuerpo, piensa también que ya no se volverán a ver. Es la vida que pasa, les dice.

Con  la muerte de su padre, que ha sido librepensador, anticlerical, progresista, ve crecer la figura de su padre, y esto le hace plantearse su permanencia en la Iglesia. Está cansado de los rezos, de vestirse por la cabeza, de estar siempre con los ropones puestos, de las horas que pasa en la catedral, siempre cambiando pecados por padrenuestros, siempre perdonando los mismos pecados a los mismos pecadores. Estoy harto, se dice a sí mismo, un día voy a aparecer ahorcado en el campanario de la catedral, o en cualquiera de las cámaras de mi casa.

Decide pedirle un permiso al obispo, quiere descansar y reorganizar su vida. Le pide un mes de permiso al obispo. Piensa irse una temporada a la finca de su madre, “El Tomillar de Maqueda”. El obispo le dice que esté allí el tiempo que necesite hasta que esté totalmente curado, para que estas crisis no se vuelvan a repetir.

Habla con su madre y le dice que allí está Luisa, que es ahora la encargada de la finca. Es una buena chica, autodidacta, que se había leído todos los libros que hay en la sala de la casa que son muchos. Ella se va a encargar de prepararle la comida, arreglarle la casa, y solucionarle cualquier problema que se le pueda plantear. Inicia Marcelo el viaje  evocando su pasado, recuerda su estancia allí cuando decidió hacerse sacerdote de Cristo para siempre.

De Luisa guarda Marcelo un desvanecido recuerdo. La recuerda al verla pasar delante de su ventana, con su larga trenza, sus grandes ojos, y su mirada triste. Y será Luisa quien sacará a Marcelo  de las dudas y las tribulaciones que durante veinte años le han estado atormentando.

Tengo también en proyecto escribir dos novelas más, “Atardecer en la Casa Grande”, cuya protagonista principal es una mujer que desde el hospital psiquiátrico donde está ingresada, al atardecer, en sus desvaríos, vuelve a su casa y habla con sus familiares muertos. Reconstruye su vida, sin salir del centro donde está, vuelve a su casa y allí se encuentra con su familia, con las criadas y criados de la casa y con las personas que habitualmente iban a visitarla. “Elías” es el protagonista principal de la que sería mi quinta novela y octavo libro si llega a publicarse. También está basada en un hecho real. Igual que en “Leñadores”, para escribirla sólo tengo el nombre del protagonista y el relato de algunos de los hechos que ocurrieron en la época que le tocó vivir, sólo tengo el argumento de la tragedia al desnudo. Elías es el capitán de un grupo de guerrilleros que una vez terminada la Guerra de la Independencia, tratan de organizar sus vidas, dentro de la idea de una España mejor, la España que ellos habían soñado mientras luchaban contra Napoleón. Al volver Fernando VII el Deseado, se dan cuenta que Fernando VII piensa que España es suya, pide ayuda a Francia, Napoleón III le manda a un ejército francés, conocido en España por “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, que le ayudan a reprimir a los discordantes y a abolir la Constitución de 1812. Elías Romero, que se había distinguido en la lucha contra los franceses, reúne a sus gentes y lucha contra el Rey Fernando VII, por quien antes habían estado luchando.

Igual que en mis anteriores novelas, sus protagonistas también son gente que trabaja, sufre y yerra. Me encuentro bien, y aunque pienso que voy a estar un poco escaso de tiempo en el año 2014 para terminarlas, lo voy a intentar, y si la “Vieja Dama“ no me tiene programado para este año, y mis neuronas continúan, funcionando con normalidad, voy a intentar terminar estos libros. Me gustaría seguir escribiendo, aunque ya no me atrevo a hacer pronósticos, tengo demasiados años, y en cualquier momento puede llegar lo peor.

 Valentín Villalón Benítez, 9-02-2014

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