La derecha de mi pueblo

En el pueblo en que yo vivo,

haciendo honor a su nombre,

se han unido en Alianza

todas las gentes de orden.

Han empezado a juntarse

y celebran reuniones

para  buscar candidatos

a próximas elecciones.

Locos se vuelven buscando,

cuál de todos será el hombre

que a la victoria les lleve

y evite males mayores.

Piensan todos que la izquierda,

a la que acusan de ¨progre¨,

le  traerá el divorcio,

le fomentará los vicios,

aumentará las pasiones,

y hasta sus pobres beatas

querrán hacerles que aborten.

Y son muchos los que piensan

que han de hacer cosas peores.

Se llevarán las gallinas,

los dejarán sin jamones,

y evitarán en la Iglesia

los rezos y procesiones.

Por remediar tanto mal,

en labradora cocina,

celebran sus reuniones

y afanosamente buscan

el hombre que ha de ganar

las próximas elecciones.

Pero ¿cuál es el mejor?

¿cuál ha de ser nuestro hombre?

Necesita cualidades

para vender sus razones.

Ha de convencer a todos

para que todos lo voten.

Unos claman a la Virgen.

Otros claman a San Jorge.

Y con firmeza proclaman

sus cerradas opiniones.

Siendo más fuertes sus voces,

que de peso sus razones.

Y en movida algarabía

estas palabras se oyen.

– Éste es para mí el mejor.

– Aquél parece más hombre.

– Al que vamos a votar.

– El que le gusta a mis jefes.

– Si lo votáis que me borren.

– ¡Vete enseguida a la calle!

– ¡Enseguida me voy, hombre!

– Que no llegamos a nada,

y el tiempo … corre que corre.

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