V. La tertulia

Algunas heridas puede que no cicatricen nunca, aunque nosotros intentemos cicatrizarlas. No podemos vivir siempre en el resentimiento, tocando siempre en nuestras heridas, dijo Jacinta. Tenemos que mirar adelante, aunque a veces llamen con fuerza a nuestra ventana los recuerdos tristes, tenemos que procurar no recrearnos con ellos, archivarlos pronto lo más profundo que podamos y procurar no mirar hacia atrás. Que no nos ahoguen los malos recuerdos, que las heridas no nos estén doliendo siempre. Que seamos capaces de olvidar, y que a los malos recuerdos, no les estemos dando vuelta todos los días. El poeta León Felipe empieza uno de sus más hermosos poemas con estos versos:

Ser en la vida romero,
romero, solo romero
que pasa siempre
por caminos nuevos.
Pasar por todo una vez,
una vez sólo…
y ligero, siempre ligero.
Para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
Que no hagan callo las cosas,,
ni en el alma, ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez,
una vez sólo…
y ligero, siempre ligero.

El poema es más largo, de él he cogido solo estos versos que me ayuden a dar contenido a mi argumentación. Ni siquiera los versos que os he dicho están ordenados, pero sí que lleva razón el poeta. Tenemos que mirar hacia adelante, que los malos recuerdos no se enquisten en nuestra memoria. Pasar por todo una vez, nos dice el poeta, para que nunca recemos como el sacristán los rezos, ni como el cómico viejo, digamos los versos. Tenemos que mirar al futuro, lo tenemos que mirar con esperanza, y pienso también que lo tenemos que hacer con ilusión. Ilusionados en un proyecto de vida mejor. No podemos anclarnos en el pasado, el pasado lo debemos archivar, el pasado es historia y aunque la historia es maestra de la vida, y esto no lo debemos olvidar nunca, tenemos que poner todos los medios a nuestro alcance, para que el pasado no nos ahogue. Estoy en parte de acuerdo contigo Lucrecia, pero no en todo. Comprendo tus motivos para estar así, sé lo que has sufrido, pero no te tienes que quedar varada en tus recuerdos tristes, en tus malos recuerdos. Que tu atormentado pasado no te ahogue, archívalo en lo más profundo de tu cerebro y mira hacia adelante, ante ti está el futuro, al futuro es a donde tienes que mirar. Mira al futuro y míralo con esperanza, con alegría, que no te atormente tu pasado triste.

En cuanto a lo que piensas de la procesión de San José, sí que estoy de acuerdo contigo, sin ninguna objeción que hacerte. Las posturas radicales nunca ayudan a la gente a entenderse, los enfrentamientos gratuitos a nada ayudan. Estamos viviendo tiempos difíciles, muy difíciles. En España los enfrentamientos son diarios. Llevamos un importante retraso en relación con el mundo civilizado que nos rodea y para alcanzar el sitio que nos corresponden en este mundo civilizado al que pertenecemos, no podemos estar siempre enfrentados. ¿Qué vamos a sacar nosotros con que salga, o no salga la procesión de San José? Como ha dicho Lucrecia, tenemos un montón de cosas más importantes que a todos nos afectan, que a nadie perjudican,  que permanecen sin resolver, como la enseñanza obligatoria y gratuita para todos, la seguridad social y la medicina igualmente gratuita. Las comunicaciones, con un retraso de siglos, estamos sin industrias, nuestras minas están obsoletas, nuestra renta está por los suelos, nos quedan niveles de bienestar por conseguir que vamos a necesitar siglos para alcanzarlos. ¿Y qué hacemos nosotros? Pelearnos por si unos tienen derecho a sacar a San José en procesión, o por si no lo tienen.

Sé que con la Constitución en la mano, no lo tienen. Pero ¿a quién corresponde impedírselo, a nosotros, a la clase trabajadora alamedana, al Ayuntamiento, a la guardia civil? A nosotros desde luego no, nosotros no podemos decir nada. Podríamos, en todo caso denunciarlo, pero ¿para qué? ¿nos van a obligar a intervenir a nosotros? Ellos no nos van a sacar de nuestras casas para llevarnos a la procesión, eso no lo van a hacer. Y si son ellos los que van a ir cantando y rezando en la procesión, creen que eso es bueno para ellos, o para San José, ¿por qué se lo vamos a impedir nosotros, por qué le vamos a hacer a ellos una ofensa gratuita? Ellos sí se pueden sentir ofendidos si les obligamos a que la procesión no la celebren, igual que nosotros nos podíamos sentir ofendidos si a nosotros nos hicieran asistir a ella. Vamos a dejarlos hacer la procesión, vamos a dejarlos que canten y que recen por las calles, igual que ellos nos dejan a nosotros sin obligarnos a que recemos con ellos o que vayamos con ellos cantando y rezando en la procesión, y para que nos respeten, vamos a respetarlos nosotros.

A todos les gustaron las palabras de Jacinta, se sintieron identificados con ellas. Ella también se sintió emocionada con lo que todos opinaban de lo que había dicho y continuó hablando: A las clases trabajadoras muchos propietarios nos han valorado poco, aunque también ha habido siempre familias donde nos han tratado bien, nos han ayudado y nos han respetado, y aunque esto no ha sido siempre así, no por eso vamos a dejar de reconocerlo. Pienso que a muchas familias les va a ser muy difícil cambiar, pero también pienso que muchas otras sí tienen que notar que esto está cambiando, que así no van a poder seguir, y también pienso que la educación, la escuela, la enseñanza en general tiene que ayudar mucho a que esto cambie y ese cambio será siempre útil y bueno. Una buena educación tiene que ser siempre una educación laica, una formación basada en la razón, no en la fe. El bien y el mal no nos lo pueden imponer. Tenemos que anteponer la razón a la fe, por eso nuestra Constitución es un constitución laica, no es confesional con ninguna religión. El pensamiento tiene que ser libre, no tiene que tener más limitaciones que las que le imponga nuestra propia razón. La libertad nadie nos la da tenemos que buscarla, y para eso la tenemos que buscar con la verdad y con la razón como principales herramientas de trabajo. Nadie nos puede marcar el camino a seguir, nuestras ideas siempre deben estar dispuestas a ser revisadas, nuestro pensamiento siempre tiene que estar encaminado a buscar la verdad a través de la razón. Si en el camino que seguimos en alguna ocasión encontramos algún postulado que siempre hemos considerado válido, y vemos que no se sostiene, lo dejamos caer, y buscamos otro que lo sustituya.

Interrumpió Jacinta sus palabras, y dirigiéndose a su sobrina Luisa le dijo: te veo con ganas de intervenir, algo nos tienes que decir, ¿por qué no lo haces? que oigamos lo que sientes y piensas, tu experiencia, lo que tú hayas aprendido por ahí, puede sernos muy útil a todos. No quiero que mis palabras sean un discurso lento y aburrido, lo que tú nos puedas decir, nos va a interesar a todos, no lo dudes, cuéntanos lo que tú creas que puedes aportar a esta reunión.

Poco puedo aportar yo a esta reunión, argumentó Luisa, mis recuerdos se ciñen a los años vividos en el hospicio provinciano, donde he pasado dieciocho de los veinte años que tengo. Mis recuerdos son duros y tristes, aquella es una estancia fría, donde lo primero que se aprende es a llorar. Y he llorado tanto en aquel destartalado caserón, que narrar lo que para mi ha sido mi estancia en él sería un rosario de lágrimas. No quiero mirar hacia atrás, los años que allí he estado los tengo bien archivados en los más profundos pliegues de mi memoria. No quiero mirar atrás porque me ilusiona el futuro, mirar adelante, y estoy totalmente de acuerdo con todo lo que habéis dicho.

Tenemos que separar lo importante de lo accesorio. Que salga o no la procesión de San José no es importante, es accesorio. Importante es evitar heridas gratuitas, evitar enfrentamientos, evitar las heridas que nunca cicatrizan, que cada uno sigamos el camino que nos hemos marcado, y para eso tenemos que tratar de evitar por todos los medios a nuestro alcance los enfrentamientos. La razón y la verdad tienen que estar siempre en nuestro camino, esto es algo de lo que no podemos prescindir nunca. Tenemos que bordear todos los obstáculos que se interpongan en nuestro camino, sin tropezar con nadie de forma caprichosa. Nuestra verdad, nuestra razón siempre tiene que estar dispuesta a enfrentarse a otras verdades, a otras razones, y si de este enfrentamiento sacamos que la verdad y la razón del adversario es más verdad y más razón que la nuestra, tenemos que aceptar la verdad y la razón del adversario, y prescindir de la nuestra.

Miró Luisa a sus primas, y dirigiéndose a ellas les dijo: ¿es que vosotras no tenéis nada que decir? Quedó Luisa mirando a sus primas mientras esperaba que estas hablaran. Presionadas por todos habló Pepa, la mayor de las hermanas diciendo: Mi hermana y yo estamos de acuerdo, en todo lo que habéis dicho, nada tenemos que oponer a las ideas que habéis expresado, vuestras ideas son nuestras ideas y vuestros pensamientos son los nuestros, en nada se diferencian. De mi cosecha poco más puedo añadir, no encuentro palabras, no me salen. De la procesión de San José, que parece ser lo que ha movido vuestras intervenciones, solo quiero expresar un deseo que todos compartimos, que todo salga bien, que no haya enfrentamientos, que la procesión salga y que seamos la gente de izquierda la que cedamos. Como pienso que esto va a ser así, quisiera que el recuerdo de esta procesión perdure en el pueblo. Y que las generaciones venideras lo recuerden como algo anecdótico y divertido que haga reír a quienes lo comenten.

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