Librepensadores 2

Cuando Ángel Rico y Josefina Fernández salieron de casa del boticario, le dijo éste a su mujer, creo que le vamos a poder ofrecer una buena casa. En Semana Santa, cuando estuvo aquí Ramón Lozoya estuve tomando unas cervezas con él, y entre otras cosas me dijo que su casa, al estar vacía, se estaba deteriorando mucho, y que su hermano le había dicho que la casa se había deteriorado, según había podido ver, cuando estuvo aquí en Navidad, que lo  mejor que podíamos hacer era alquilarla, si encontramos a alguien que la pueda mantener en buen estado, y preveamos que no vayamos a  tener problemas con él. Entonces le dije que era mejor no hacerlo, sería mejor que la conserváramos, aunque alguna vez le tuviéramos que recorrer los tejados, tapar algunos remiendos, pintarla de cuando en cuando, y que el carpintero pusiera lo cristales rotos y repasara puertas y ventanas, si acaso, con el paso del tiempo se cerraban o abrían con dificultad.

Estoy viendo, me dijo, que lo que mi hermano decía era verdad, le están saliendo manchas de humedad en las paredes, en el corral de dentro ha salido mucha hierba, y hemos visto entre la hierba muchos conejos, que ni sé de donde han podido llegar. Temo que cuando en el verano se seque la hierba y llegue la feria, con lo aficionados que son aquí a la pólvora, prendan fuego con algún cohete y nos quemen la casa. Lo malo es que como mi hermano fue el que me propuso alquilarla, y la otra alternativa que le di, él la aceptó.  Ahora me cuesta decirle que sería mejor hacer lo que él pensaba.

Pienso llamar mañana a Ramón y decirle que ha llegado aquí un matrimonio formado por un médico y una maestra, formados ambos en la Institución Libre de Enseñanza como propietarios definitivos de la plaza de Don Hilario y de Doña Margarita, jubilados el año pasado y que en el último concurso de traslados de los cuerpos a que pertenecen le han  dado plaza aquí. Como  necesitan una casa grande, ya que él quiere poner en su casa la consulta, para no tener que salir, en caso de que algún paciente llegue, y para atenderlo, no tenga que salir de su casa. Y como no lo llamas ahora, dijo Conchita a su marido, que estará cenando o a punto de cenar.

La mejor forma de encontrarlo en su casa es llamándolo ahora, mañana puede que te sea más difícil encontrarlo. Como el teléfono que tenemos aquí es el de su casa, no lo podríamos llamar hasta las tres, o mejor dicho hasta las seis, porque hasta las tres no saldrá del ministerio, ahora están  haciendo jornada completa y aunque su casa está cerca del ministerio donde trabaja, mientras llega, come y se echa un poco la siesta, hasta las seis no lo puedes llamar. Es mejor que lo llames ahora, y si tenemos suerte, puede que éstos se puedan ir con el problema de la casa resuelto. Llave de la casa debe tener  alguna de sus primas, o alguna vecina. No es fácil que se hayan ido sin dejar una llave en el pueblo, por alguna emergencia que pudiera surgir.

Es fácil, dijo Antonio, que lleves razón y que algún allegado suyo tenga las llaves de la casa, alguien las tiene que tener en el pueblo, posiblemente alguna vecina. Voy a llamarlo enseguida, estos son muy aficionados a ir al teatro y es posible que ya no estén en su casa, les gusta mucho vivir las noches de Madrid, voy a ver si llego antes de que salgan y esta pareja se pueden ir con el problema de la casa resuelto. Durante largo rato estuvieron Antonio y Ramón hablando, pensaba Conchita que nunca se le debió ocurrir haberle dicho a su marido que llamara a su amigo Ramón Lozoya con la mesa puesta, corría el riesgo de que la cena le sirviera de desayuno. Cuando llevaban un rato hablando tuvo que decirle Conchita a las criadas que ellas cenaran y se fueran a dormir, que ellos no sabían si iban a cenar tarde o a desayunar temprano. Cuando estos se ponen a hablar sé a la hora que empiezan, pero nunca sé a la hora que pueden terminar. Cenar  vosotras, que cuando terminen ya recogeré la mesa y os dejaré los platos en el fregadero.

Cuando Antonio colgó el teléfono le preguntó Conchita si estaban en casa los señores o si había estado hablando con la criada, a lo que este contestó, sin darse por aludido, que había estado hablando con Ramón, de quién era este matrimonio, de su profesión, de sus ideas, de la impresión que nos habían causado, de cómo creía que a su hermano le iban a gustar, y de cómo en el precio no iban a tener problemas, puesto que lo que ellos buscaban era en primer lugar, que la casa estuviera abierta y no se le deteriorara y al mismo tiempo, el inquilino fuera persona en quien se pudiera confiar. Y eso, por lo que yo le había dicho, estaba logrado. Bueno, dijo Conchita, vamos a cenar porque si me cuentas ahora todo lo que habéis estado hablando esta noche no nos vamos a poder acostar. Comprendió Antonio que su mujer había estado un largo rato esperando.  Estaba cansada, quería cenar y acostarse pronto. Siempre te digo, que cuando lleguen las horas de las comidas, no me esperes nunca, tú come, cena o desayuna, no me esperes, que ya comeré yo cuando termine. Llevaba un montón de tiempo sin hablar con Ramón, y bien conoces tú lo bien que congeniamos los dos desde que llegué al pueblo. Pensaban salir a tomar café a una terraza de la Castellana y cuando nos hemos dado cuenta era la una. Comprendo que a estas horas estéis las dos esposas un poco mosqueadas, pensando en el poco caso que os hacemos, pero eso no es verdad, es algo que no podéis pensar, pasa que hacía mucho tiempo que no hablábamos y la conversación se ha ido prolongando sin que nos diéramos cuenta de la hora que era.

No estamos las dos esposas mosqueadas, o al menos yo no estoy mosqueada, pasa que una interrupción de esta envergadura trastorna mucho, corta el normal desenvolvimiento de la casa. A la hora en que se ha producido, las chicas del servicio están cansadas, tienen gana de descansar, de irse, de ver a sus novios. En una palabra, ha terminado su jornada de trabajo y necesitan irse. Si tú me dices, cuando te has ido a hablar con Ramón, cenad vosotras, yo voy a hablar con Ramón y no sé a la hora que vaya a terminar. Tenemos que organizarnos mejor para que estas cosas no pasen. Me has  dicho que ibas a preguntarle a Ramón, si querían arrendarle la casa al médico y si alguien del pueblo tenía llave para que éste la pudiera ver. Has podido decirme, preveo que estaremos un rato hablando. Entonces preveo que vais a estar varios ratos hablando y el trastorno es mucho menor, pero vamos, siéntate y cena, que nos de tiempo a acostarnos antes de que llegue el día.

¿Me perdonas?, dijo Antonio a su mujer. No me queda otro remedio, contestó esta, si algún día nos tenemos que separar tendrá que ser por causas mayores, al menos eso es lo que pienso ahora. Durante la cena continuó Antonio contándole a su mujer lo que había estado hablando con Ramón, cómo tenía una llave de la casa su vecino Regino y otra tenía su prima Pilar y cómo Ramón pensaba que por su hermano no iba a poner ningún inconveniente en arrendarle la casa  a los médicos. Se levantó Conchita de la mesa, recogió los platos  y los cubiertos, los llevó a la cocina y al volver le dijo a su marido: son las tres y es hora de acostarse, pronto van a empezar a cantar las golondrinas. Puesto en pie, Antonio esperó a que su mujer terminara de hablar, la beso y juntos se fueron a la alcoba.

A la mañana siguiente, Antonio y Conchita se levantaron a la hora de todos los días, no por haberse acostado más tarde de lo que normalmente se acostaban dejaron de levantarse a su hora. Habían dormido mucho menos de lo que otros días dormían, pero la costumbre les había hecho levantarse a la hora de siempre. Tenían muchos asuntos que resolver, y sobre todo tenían que resolver el de la casa de los médicos, antes de que por otros contactos la alquilaran sin haber visto la casa de los Lozoya. La casa de los Lozoya era una gran casa, una de las casas más amplias y mejores que había en el pueblo. Pensaron mandar a una de las chicas del servicio para que fuera a la fonda y les dijera que tenían una casa muy buena para ellos y que la podían ver hoy, ya que aunque los dueños vivían en Madrid, disponían aquí de llaves para poder verla.

Pensando esto estaban, cuando Conchita dirigiéndose a su marido le dijo: pienso que lo mejor va a ser que vaya, y evitamos las malas interpretaciones que surgen cuando las noticias nos llegan a través de terceras personas. Es lo mejor que podemos hacer, dijo Antonio, de esta forma evitamos además de las malas interpretaciones que tú dices, evitamos que la noticia se extienda y dé lugar a que otros vengan a ofrecer sus casas y busquen nuestra colaboración para  alquilarlas. Arréglate un poco y sal lo antes que puedas, no sea que vayan a salir y cojan compromisos que luego les pesen.

Al ir a salir de su casa tropezó Conchita con su marido, que dijo, así deben salir las mujeres a la calle, arregladas y guapas, como vas ahora. Con un gesto agradeció Conchita el piropo que acababa de hacerle. Salió a la calle en busca de los médicos, como su marido decía, para decirles que habían encontrado la casa de unos amigos que a la vez era una de las casas mejores del pueblo y que esta mañana la podían ver.

Cuando Conchita llegó a la fonda, donde Ángel y Josefina estaban hospedados, ya llevaban un buen rato levantados. Estaba allí Pilar, compañera que iba a ser de Josefina el próximo curso y los que allí estuviera, ya que Pilar allí había nacido y allí pensaba jubilarse. Estaba allí para acompañar a Josefina, que tenía que ir a casa de Jacinta. Jacinta era la chica que Pilar le había aconsejado a Josefina para que esta le ayudara a llevar su casa mientras estaba en la escuela. Tenía diecisiete años y desde los diez hasta los catorce años había sido la alumna más lista y aventajada que había tenido en su escuela. Conocía Josefina a través de Pilar el gran concepto que tenía de ella. El día anterior había estado en casa de Jacinta hablando con ella y con su madre de lo que Josefina le había encargado. No se atrevieron a decirle nada hasta que no hablaran con su padre, pero a las dos les había parecido que era una gran muchacha.

Cuando llegó Conchita a la fonda se disponían a salir Pilar y Josefina  a casa de Jacinta para ver que les había dicho su padre y marido a Jacinta y a su madre de la propuesta que el día anterior le habían hecho. Antes de que éstas salieran les informo Dorita del asunto que traía, cosa esta que les alegro bastante a los tres. Era Pilar prima de los dueños de la casa, que habían gestionado para vivienda de Ángel y Josefina, Antonio y Dorita. Esta casa había sido la casa de los abuelos de Pilar y la conocía tan bien como la casa donde ella vivía. A la muerte de sus abuelos, le tocó a su tío y a la muerte de sus tíos la heredaron los hijos de estos, que eran los primos de Pilar. Nunca pensé, dijo Pilar que mis primos  arrendaran su casa, pero ellos son los dueños, casi nunca vienen, y las casas cerradas se deterioran muy deprisa. Seguramente es por eso, por lo que la arriendan.  Pero tiene que costar trabajo alquilar la casa donde has nacido.

De esa casa tengo llave, si queréis la podemos ver esta mañana, o a la tarde. Mejor será que la veamos ahora, dijo Josefina, cuanto antes tengamos casa, antes nos podremos venir. Nos vamos por tu casa, recogemos a tu marido, vamos a casa de Pilar, recogemos las llaves, vemos la casa, Ángel y Antonio se dan una vuelta por el pueblo, se toman unas cervezas por ahí y mientras nosotras vamos a casa de Jacinta.

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