A las ruinas del Castillo de Calatrava

Viejo gigante caído,

dormido sobre las piedras,

el tiempo te desnudó,

y nos muestra tu osamenta.

Me traen tus viejas murallas,

tus capillas y tus celdas,

el recuerdo emocionado

de un viejo cantar de gesta.

Tus negras y frías bóvedas,

tus capillas y tu iglesia,

hacen sentir en mi mente

el espíritu guerrero

de nuestra airada Edad Media.

Por tus amplios salones,

y en tus altivas almenas,

se tomaron decisiones

que acataron los de dentro

y temieron los de fuera.

Ya nada queda de aquello,

sólo escombros, sólo piedras,

sólo recuerdos perdidos,

inconexos y sin fuerza.

Hoy te administra el estado.

Dice actuar de albacea,

mueven o quitan escombros,

cambian ventanas o puertas,

te administran a su antojo,

y como a un oso en la feria,

por enseñar tus estancias,

van cobrando unas pesetas.

Pasen… señores… pasen…

sólo se cobran unas perras,

vean cómo hicieron su casa,

los nobles de la Edad Media.

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