Leñadores 1

CAPITULO I

Cipriano Navas lo tenía decidido, lo había decidido con su mujer. Había sido un buen año de siega, y con los días que habían echado aquí y los que habían trabajado fuera habían juntado un dinero, que nunca lo hubieran soñado. No nos vamos a quedar aquí a gastarlo durante el invierno, se dijeron. Mañana es la feria de Almagro y voy a salir muy temprano. Mañana es veinticuatro y empieza la feria. Voy a estar allí con los primeros, para verlo todo antes de decidirme y poder comprar el mejor garañón que haya en la cuerda. Llegaré a Almagro a las ocho,  antes de que empiece el calor.

Pero cómo vas a ir de noche, tienes que cruzar el río solo, siempre andan por ahí salteadores de caminos y ahora con la feria, con más motivos. Esta noche salen muchos labradores con mulas, burras, caballos, yeguas y que sólo llevan sus animales y la merienda. Siempre habrá alguien que necesite un animal, o el dinero que otros como tú llevéis para comprarlo. Mira Rufina, si pensamos todos como tú piensas, esta noche no salía nadie y mañana la cuerda estaría vacía. No va a ser así, mañana la cuerda va a estar llena.

Siempre los hombres tenéis que demostrar lo valientes que sois, y lo que nosotras decimos nunca vale para nada, nunca nos hacéis caso. ¿Pero cómo no os vamos a hacer nadie caso, acaso no sois siempre las que lo disponéis todo? ¿A quién se le ocurrió comprar el burro? Idea tuya fue, no mía… yo había pensado en guardar el dinero para comprar una casa; tú dijiste lo de comprar el burro… y aquí estoy yo pidiéndote que me eches merienda, para irme esta noche a Almagro a comprarlo.

¿Y qué íbamos a hacer este invierno, comernos la siega de este verano? ¿Con qué compramos la casa? No creo que haya muchos jornales que dar de aquí hasta la siega. Tú también llevas razón, es el miedo lo que me trae de cabeza. ¿Qué crees tú, que si antes de que vuelvas dicen en el pueblo que han encontrado muerto un hombre en el camino de Almagro, o donde sea, no voy a pensar  que el muerto es mi marido? ¿Y hasta que te vea entrar, no voy a estar pensando en lo que te pueda pasar? ¿Acaso piensas que voy a estar tranquila, que voy a dormir a pierna suelta las noches que tú faltes?

Eso no debe ser así, ¿por qué tienes que pensar eso? Si esta noche no va a dejar de pasar gente. Durante toda la noche, tienen que llegar todas las bestias que mañana estén en la cuerda, y estas bestias no van a llegar solas, alguien las tendrá que llevar. Además, esta noche va a haber policía rural por todos los caminos.  Se  puede viajar tranquilo. Un tropiezo lo puedes tener en cualquier sitio, en cualquier parte, la vida es larga y no puedes estar pensando siempre, que mañana va a ser a tí a quien te va a tocar lo peor. Pensar así te tiene que traer muchas preocupaciones, y así estarás siempre disgustada. Tu destino está escrito, poco puedes hacer tú para cambiarlo, así es la vida y así la tenemos que aceptar.

Ni estoy, ni puedo estar de acuerdo con eso. Hay un refrán que dice: Quien ama el peligro, en él perece. ¿Cómo va a ser lo mismo de fácil que mate un toro, pasado mañana al notario de Almagro, o a alguno de los toreros, que ese mismo día van a matar a los Mihuras en la plaza de toros? ¿Tendrán más cerca la muerte los toreros que el notario? Siempre que un peligro se pueda evitar, nuestra obligación es evitarlo, y esto hay que hacerlo siempre que podamos. Los peligros son siempre los que nos traen las tragedias. Puede que tú lleves razón y que esta noche esté la carretera más vigilada, pero también le tiene que atraer más a los ladrones, esta noche más que otra…  pero vete esta noche a Almagro, el burro lo necesitamos, lo necesitas tú y lo necesito yo. Tú para traer leña y yo para lavar ropa. No vas a  estar sólo para sacar la casa adelante, yo también tengo que trabajar y lo voy a hacer como lavandera; lavaré ropa en Almagro, como tantas otras.

Buscaré casas  que necesiten lavandera y traeré ropa de Almagro a lavarla a la Higuera. Si el burro es fuerte y me puede echar una mano llevándome la cesta os lo agradeceré a los dos, y si no puede la llevaré sobre mi cabeza. Si puedes, cómpralo capón, será mejor, no sea que se vaya a enamorar de cualquier burra, tire la ropa, y tengamos que salir a buscarlo, y cuando lo encontremos a él, tengamos que volver a buscar la ropa. Si no lo traes “capón”, lo tendremos que capar cuando venga.

Me das un montón de vueltas Rufina, piensas mucho. Cuando me cuentas algo no encuentro peros que ponerle, y eso es así, por que tú ya lo habías pensado antes, ya le habías dado tus vueltas y tenías atados todos los cabos. Quiero pedirte algo, sin que por eso pienses que me siento ofendido con tu forma de actuar,  con tu forma de hacer las cosas. No quiero que lo tomes como una imposición, no quiero que pienses que a partir de ahora lo tienes que hacer como yo diga. Sé que lo que haces no sólo está bien, si no muy bien, pero me gustaría que cuando lo hagas, me avises, para que yo pueda colaborar contigo, para que yo me acostumbre también a pensar y a tomar decisiones, y esto es algo que me gustaría aprender de ti, algo que me gustaría que tú me enseñases.

Nunca pienses que lo hago intencionadamente, pasa que yo duermo menos. Antes de dar las cuatro estoy despierta, como con la luz del candil no me encuentro a gusto es por lo que me acuesto tan temprano. A esas horas ya estoy despierta y tú estás en el mejor de los sueños. No te voy a despertar  para contarte mis inquietudes, pero si lo prefieres, a mí no me cuesta trabajo despertarte y comentar contigo lo que en esos momentos me preocupe. Sólo quiero que me lo digas, para que cuando algo me inquiete, pueda despertarte y comentar mis inquietudes contigo.

Otra cosa quiero decirte, ahora que no tengo que despertarte, sería mejor que cuando comamos, salgas y te des una vuelta por la plaza, o por los bares, a ver si te informan de alguien que piense salir esta noche para la feria. Tiene que haber mucha gente que vaya, y siempre irás más seguro si vas con más gente, que si vas solo y también al que vaya contigo le das compañía. Tengo que ir esta tarde a casa de mi madre y les preguntaré a aquellas vecinas si saben de alguno que vaya a ir. En aquella calle viven más labradores que por aquí y es fácil que alguno de aquellos vecinos tenga que comprar o vender algún animal. Arréglate un poco y date una vuelta por ahí, que yo tengo que comprar para hacerte la merienda y quiero tenerlo todo preparado. Hay mucha gente que se va el día anterior para coger un buen sitio en la cuerda . Piensan que siempre es más seguro viajar de día que de noche.

Voy a salir enseguida, a ver si encuentro a alguien con quien hacer el viaje, mientras tú haces tus cosas. Voy yo a ver si encuentro con quien compartir el viaje. Puede que encuentre alguno que lleve un carro o una galera y así me ahorro la caminata. Resulta cansado catorce kilómetros andando solo, sin hablar con nadie, pendiente siempre de todos los bultos que encuentras en el camino, sin saber qué te vas a encontrar detrás de ellos, si te van a atacar los mastines de cualquier majada, si va a haber alguien con un arma entre las eneas del río, detrás de cualquier tamujo, entre los carrizos, y con el arma que lleve te ponga firme, te quita  el dinero  y si a bien le viene, te dispare y te deje boca arriba en el camino, esperando que el juzgado venga a recogerte.

A mí también me gusta más ir de día, en eso también llevas razón, se va mejor de día. Mientras preparas la merienda, voy a ver si encuentro alguno que salga esta tarde y me voy con él. No te tardes, por si tuviera que salir antes de lo previsto, tengo que salir cuando me digan y con el primero que salga, con ése me voy. Cuando sepas algo vienes, no te quedes hablando por ahí, que me dé tiempo de preparar a mí. Ven pronto y no te entretengas con nadie, advirtió Rufina a su marido.

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