Escribiré mi último poema.
Recitaré mis últimos versos.
No volveré a escribir ninguno,
porque no quiero, que
mis versos suenen huecos.
No quiero oír que suenan
como tabique apanderado,
ni como cántaro viejo,
ni como la voz del cura los domingos,
ni como la voz del pregonero…
Antes que de esta forma oírlos
prefiero yo quemar todos mis versos.