El sol abrasaba
la rueda gemía.
Y los cangilones
cargados con agua,
subían, vaciaban,
bajaban, llenaban, subían…
Eterna la rueda,
monótona rima.
El pobre jumento
andaba, bajaba, subía.
Los ojos tapados.
Solo lo acompañan
tábanos y hormigas.
Delante camino…
y detrás, el látigo
que mueve la ira.
Y entre palo y palo,
despacio o deprisa
dormido… sonámbulo…
camina… camina…