Oscuros adoquines,
cielos aborregados.
En el suelo
pequeños charcos.
Frente a mi ventana
mujeres enlutadas
cruzan, con el casi
imperceptible ruido
de sus pasos.
En la plaza,
da el reloj las cuatro.
Saludo a Melitón
que cruza solitario.
Y ya la carretera,
oscuro asfalto,
campo desierto,
triste piar de pájaros.
Un coche se me acerca,
solo, jadeante,
estrafalario…
