Una suave brisa
mueve las cortinas,
y tras los cristales
en la lejanía,
la tarde de otoño
tranquila dormita.
Mientras, en la clase,
en vulgar rutina
voces de los chicos
monótonas riman.
¿Me dejas un lápiz,
que el mío no pinta?
Allá en un rincón
dos bonitas niñas
en suave dialogo
se cuentan sus cuitas.
Luego, en el pasillo,
una voz chillona
regaña a unas niñas
que había en los lavabos,
contándose a solas
su última conquista.
Yo desde la mesa,
hago de cronista.
De un grupo escolar
que existe en Castilla,
en un pueblecito
de pocos vecinos
y limpias casitas,
que tiene una plaza,
Iglesia y Ermita,
Fábrica de Harinas
y Cooperativa.